domingo, 6 de noviembre de 2022

Nací en un lugar inadecuado

Nací en el lugar inadecuado

Nací en el lugar inadecuado, a destiempo, pues ya llevaba tiempo encerrado sin querer salir, no me gustaba lo que afuera estaba notando. La cesárea, por suerte o desgracia, no había al pueblo llegado.
Iba para rico y nací en la casa más pobre del barrio, por si acaso, delante estaban las hermanas de la Caridad, llevaban el asilo de ancianos desamparados, ni mi sexo era el que habían contratado, era del sexo contrario. Tenía que ser niña, nací varón, que descaro.

A fuera, tiempos revueltos, al igual que los ganadores festejando el haber ganado, el pueblo bien armado gana al pueblo no tan agraciado, aunque el mismo pueblo lo hubiera votado. Estos últimos, ya, teóricamente, acabada la guerra, callado, si levantas la voz acabas perseguido, encarcelado, tu cuerpo no será encontrado.

Mandaban las fuerzas vivas, los aliados de los ganadores con dinero, la Guardia Civil, la policía, el alcalde, el clero y los maestros. Su palabra era ya juicio hecho, por ello la condena estaba asegurada.

En los cementerios, lo sé, porque vivía en la casa del cura, sobre la fría piedra, cuerpos destrozados, de uno u otro bando. La culpa, fuera verdad o mentira, al más desgraciado del pueblo, poco importaba si lo había o  no hecho, faltaba un culpable, por ello era culpado.

Poco se habla de la cantidad de muertos que nada tienen que ver con la guerra, era la hora de arreglar los viejos problemas, entre vecinos, entre hermanos, la familia, etc. La culpa para el más desgraciado, y si del otro bando era partidario, encantados.

Eran malos tiempos, las mujeres a misa, con velo, si es posible de negro, vestido que se guardaba para cuando enviudaban, por vida condenadas a llevarlo. Mandaba el padre de familia en casa, los demás no eran nada, no existían los malos tratos, no, eso no, lo que existía era que podían hacer lo que les daba la real gana dentro de su casa, la ley lo amparaba.

El cura pasaba lista, si bien lo negaba, pero si el domingo no acudías a misa, cuando te veía te regañaba, si no le caías bien, la Guardia Civil te mandaba.

Que aburridas las misas, siempre lo mismo se decía, ahí ese libro con el texto de cada misa del año, se repetía, se repetían... Esas bulas en semana santa, tiempo de ayuno y abstinencia, al pueblo normal lo de la abstinencia o el ayuno no lo importaba, total, poca cosa que llevar a la mesa quedaba, pero los de alta alcurnia, esos hombres de negro, como su alma, sonrisas por fuera, en la oscuridad, tras las cortinas te condenan, en tu presencia la sangre te absorben como el vino en la mesa.

Así muchos años, que hubo momentos buenos, nadie los niega, las vacaciones con los abuelos, el resto de casa a la escuela y viceversa.

Un día acabé en un internado, ahí las grandes penas, nada entendía, a las preguntas no se les daba respuestas. Los fines de semana esperando que alguien viniera, de la familia, me refiero, pero nada, siempre los ojos mirando la puerta por si alguien aparecía, pero no, todos los demás con sus familias iban, la mía nunca aparecía. En las vacaciones, autobús, tren y a casa, para que luego me mandaran con los abuelos, al acabarse, de vuelta al internado, allá, entre las montañas, repitiéndose la historia hasta que un día, al acabar el curso, llega mi padre, me dice, “nos vamos, empiezas a trabajar pasado mañana”...

Un chiquillo de 12 años recién cumplidos en un mundo de adultos que nada entendía de sus charlas, trabajando en un bar de un hotel en una zona de playa, ilegal, estaba de moda y no pasaba nada, cuando llegaba un inspector me mandaban a casa...

Hasta aquí mi infancia abreviada.

Como la mía, muchísima gente en mis tiempos, era lo común, lo más normal, lo cotidiano, lo que se usaba...

Toni Oliver

Miró el anciano

Miró el anciano

Miro el anciano, pelo canoso, el que le ha quedado, esa barba blanca que se acaricia de vez en cuando, ese reloj, el de la vida, viendo como el tiempo va pasando. Sus manos arrugadas lo van sosteniendo, temblorosas, como las cortinas tras los cristales rotos por el granizo, tras la tormenta del atardecer.

Oscurece, se van borrando los números, las agujas se van diluyendo entre el cristal y ese soporte de indeterminado material, desapareciendo, al tiempo que los ojos se van cerrando, del mismo tembleque de esas manos, ya sin fuerzas, lo que ha quedado de ese reloj, de los humanos invento, cae en el abismo del mismísimo universo, donde el todo es nada y la nada es el todo.

Su mente, divagando ya entre los ancestros, crédulo e incrédulo al tiempo, nada entiende, aunque sabe lo que sí está sucediendo. Mira desde lo lejos aquel cuerpo fornido, presentando cara al viento, a las tormentas, a las tormentas, al hambre, la miseria... Tantos avatares sucedidos a lo largo de los años, esa vida con sus altibajos, bellos y malos momentos, victorias sobre si mismo, también esos grandes hundimientos, donde pierdes la esperanza en el lodo del fondo, luego, tras las desesperación cierras los ojos, visualizas como salir de ese gran pozo o abismo, renaciendo de la muerte por inacción.

Sí, ese cuerpo ya no es más que polvo, mezclado con la tierra como abono, de donde nació, allí volvió para seguir su función. Todo muere, se regenera, nace, vive y vuelve a morir cerrando el círculo del funcionamiento del universo.

Ya no hace tic tac ese reloj, ni su corazón, no corre la sangre por sus venas, su alma, si existe, vuela libre, saliendo de su cárcel, volviendo su energía al propio universo, de donde salió hace tiempo.

Toni Oliver

Reunión

Reunión

Convocó el gran jefe a sus directivos, a los de más alto grado y a los de unos cuantos grados más abajo.

Empieza el gran jefe: Voy a explicar el nuevo proyecto. 
Sigue con todos los pormenores, incluso con los más pequeños detalles. Al finalizar, pide un poco de paciencia antes de contestar, va a decir algo importante.

“Os he expuesto todo el proyecto, pero antes de que me contesten quiero contarles algo. No quiero que estéis todos de acuerdo, si lo estáis, vale, pero me aportan más los disidentes, lo que no están de acuerdo, y que me expliquen los motivos de ese desacuerdo.

Quizás os parezca raro, lo sé, muchos pensáis, y así es en muchas partes, que al disidente se le despide, pero no, aquí quiero a los disidentes, son los que aportan y ven los fallos que podemos tener, los que ven cosas que los otros no vemos, los que aportan otros detalles con los que no hemos contado, etc.

Por eso, no quiere gente ni opiniones borreguiles, no quiero que se me diga lo que quiero escuchar para alimentar mi ego, quiero que me diga cada uno su verdad, aunque me duela, quizás esas dolientes verdades nos salven del fracaso.

Así que.. Ahora piensen y analicen, luego, ya convocaremos otra reunión, expongan sus opiniones, pero con fundamento y explicando éste.

Muchas gracias.

Eso debería ser lo que se debería hacer antes de lanzar al mercado cualquier proyecto, no sólo la imposición por la imposición del mando y ordeno.

Toni Oliver

Nos vio el mundo

Nos vio el mundo

Nos vio el mundo
en una imagen, en solitario 
los dos, ahí solos
con nuestras sonrisas iluminando.

Se creó el desconcierto
mil rumores se fueron fabricando
todos buenos, hay que decirlo
nosotros sin enterarnos.

En algunos de ellos nos asociaron
que buena pareja se está gestando
ahí ya todos imaginando
mil historias de amor entre ambos.

Nosotros sin enterarnos
sólo nuestros rostros nos presentamos
de nosotros nada sabemos
ni siquiera si volveremos a encontrarnos.

Pero no, no podemos negarlo
con la luz de nuestra sonrisas se enamoraron
de nosotros, que ni nos conocemos
sólo por lo entre ambos irradiamos.

Qué será del futuro
ni tú ni yo lo sabemos
si algún día llega ya lo veremos
nada descartamos.

Toni Oliver

Con su mirada en el espejo

Con su mirada en el espejo

Con su mirada en el espejo
sale raudo y veloz en el lienzo
con trazos firmes bien plasmados
ese rostro que estás mirando
quizás, tal vez, imaginado
es posible que nunca lo sepamos
pero sí, bien apuesto va asomando
tras esa brocha, a su paso...
Antes de la firma, pone autorretrato
los espectadores en la exposición
mirando, imaginando.

Toni Oliver