¿A dónde van esas mudas palabras?
Esas que quieren salir a gritar
al filo de los labios abiertos se quedan
ahogándose en la garganta
carcomiéndote por dentro
como ácido infernal.
O esas otras que quieren ser oídas
que compartir amor quieren
quedándose mudas para siempre
en el cementerio del olvido
ahogando ese mismo amor
en las entrañas de la tierra de nadie.
El miedo o la precaución
formando una muda frontera
donde el silencio se encierra
no dejando que salgan al exterior
donde hacer su función
llegar a quienes han de llegar.
Ponemos silentes fronteras
no son físicas, son de la mente
esa cadena de puro acero que nos ata
con ese acero ausente
encerrando más que la mejor jaula.
Silencio en los labios
cerrados por el inconsciente
hablan las miradas
un lenguaje diferente
sólo la mirada silente.
Toni Oliver
Pintura de Franck Sastre
«Il silenzio fiorisce» 110x90cm
Hay palabras que nunca llegan a pronunciarse. Permanecen atrapadas entre la piel, la memoria y el deseo, hasta que nuestra imaginación consigue transformarlas.
La imaginación y los sueños son el impulso que nos mantiene vivos. Son nuestras motivaciones más profundas, incluso cuando no logramos alcanzarlos, porque también aquello que soñamos deja una huella en nosotros.
