El pasar del tiempo, sin tiempo
Estábamos decorando un tren por dentro, un sinfín de vagones, no se veía el final. La decoración era de súper lujo, paredes con terciopelo dorado, butacas de cuero, hechas por los mejores artesanos, las mesas de oro, cuadros pintados por los mejores pintores del momento, con sus firmas pertinentes, el duelo de un acolchado suave, pero no se hundía con el paso de la gente por encima, las luces adecuadas para cada vagón, cada uno temático, sin faltar el lujo en cada uno.
De pronto, sin avisar, empezó la decadencia de este tren, todo nuevo, sin estrenar, empezó a desmontarse solo, como si todos los vagones se fueran desvaneciendo por un lado y por otro, al mismo tiempo fundiéndose sin que la gravedad hiciera efecto, lo mismo se fundía hacia arriba, hacia los lados y hacia el cielo, a la vez. Del mismo modo, la decadencia ocurría en un tiempo sin tiempo, donde poco importaba los años que hubieran pasado, simplemente no existía el tiempo, pero todo seguía desvaneciéndose, desmontándose como si hubiera un fuerte terremoto, pero sin vibraciones. Entré en un ascensor hacia ninguna parte, por dentro de acero inoxidable, brillante, todavía no habían llegado las huellas de nadie, una vez dentro, se iba fundiendo sin temperatura, intenté salir de ahí, todo se desmoronaba, nada quedaba en su sitio, la puerta se había convertido en una de esas que se suben y bajan, pero era inestable, no se quedaba quieta, hasta que abrí otra puerta que la dejó trabada por unos momentos, quedando un estrecho hueco cuadrado para poder salir, también de acero inoxidable, otra persona, compañero de trabajo, que estaba también ahí dentro y yo salimos como pudimos, entrando en uno de los vagones, que también se estaba desmoronando. Intentamos abrir la puerta del vagón, estaba bloqueada, lo intentamos de todas las maneras, al fin cedió, salimos de ahí dentro intentando salvar alguno de los cuadros, pero estos también corrían la misma suerte que el resto de los vagones. Ya fuera del tren, la noche estaba completamente oscura, fuimos caminando en esa oscuridad hacia no se sabe donde, pero paralelo a las vías, el tren desapareció por completo en medio de la oscuridad, el tren que nunca arrancó.
Toni Oliver
