Me persigue el silencio de mis musas
Me persigue el silencio de mis musas
desaparecidas, no sé cuendo ni donde
todo en un parpadeo
ahora, las oígo, ahora silencio.
Miro la pluma
sin tinta ni ideas para escribir
el papel en blanco
sonriendo, sigue inmaculado
el papel secante, aburrido
sin el juego guarro.
El tintero suena a hueco
en el ni retumba el eco
un pozo sin fondo
de esos que lo absorben todo
pero de los que nada devuelven
ni por asomo.
Mi cerebro encerrado
entre el vacío y el silencio
en la lejanía, ni el horizonte asoma
el sol no amanece
entre las bruma de las palabras
esa niebla que absorbe el sonido de las sirenas
las de las alarmas
incluso las que toman el sol sobre alguna roca
donde sus cánticos a los marinos obnubilan
desapareciendo con sus barcos
en las grandes profundidades marinas.
Ni el graznido de los cuervos
se escucha entre las nubes
ni sus sombras oscuras
aparecen entre los silencios
de los desiertos, ya mudos
ni el oleaje del mar
chocando contra las rocas
su estruendo
o el sonido calmo al mecerse sobre la arena.
Porqué el sonido de las musas no aparece
ni sus pasos entre las tinieblas
sinando al ton del chirriar de las bisagras
oxidadas por el tiempo
por el abandono inexplicable
el no uso de las palabras
el desaparecer de los ausentes sentimientos
volviendo al vacío
ese que se palpa sin sentir
ese que se ve sin verse
ese que se escucha sin sonido
oliendo a un perfume inexistente
con un sabor que se recuerda ausente.
Toni Oliver

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