Pinté un árbol
Pinté un árbol
con mis dedos desnudos
sobre un papel vacío
le añadí las montañas
los ríos que de ellas bajaban
los lagos donde la luna
por las noches se reflejaba.
No, mis dedos no llevaban pintura
tampoco tinta
pero, como si una tinta invisible
tomara el color de mis pensamientos
grabando tal como lo imaginaba.
Por un lado salía el sol
se añadían las estrellas
no importaba si de noche o de día
tomaban vida tal como los dedos pasaban.
Los salmones río arriba nadaban
otros peces la cabeza, de vez en cuando, asomaban
mientras, de entre los árboles los pájaros trinaban
el sonido del agua del río los trinos acompañaban.
Sobre las hojas caídas
se escuchaban los pasos
de los animales que al río se dirigían
para beber su agua preciada.
Seres diminutos también por ahí se paseaban
añadiendo el toque mágico
a la magia ya realizada
la de la vida surgida de la nada
mientras la mente sólo imaginaba.
La hoja tomó relieve
tornándose vida salvaje
donde antes no había nada
sólo una hoja en blanco
unos dedos sin pintura ni tinta
que ni pinceles quedaban
sólo la imaginación
que poco a poco creaba.
Toni Oliver

















