Entre... Un infinito
Entré en un largo pasillo entre las paredes muy altas, casi infinitas en altura y largura, buscando una puerta de salida, no la hallaba. ¡Uff!
Recorrí durante un infinito e inexistente tiempo, miraba hacia atrás, puerta no quedaba, único camino, seguir adelante hasta donde me lleven las fuerzas, hacia adelante un infinito, hacia atrás, ya nada, bajo mis pies, el sólido suelo del pasillo que iba desapareciendo tras mis pasos, hacia arriba era como mirar las estrellas entre esos grandes y altos muros, permitiendo ver sólo una línea recta donde esas estrellas del firmamento se alineaban, a veces unas, luego otras, perdiéndose cada vez que miraba donde pisaban mis pasos, dejé de pensar en el final del pasillo, me centré en cada uno de mis pasos, sintiendo cada uno de ellos. Miré a los lados, esos muros infinitos, estaban llenos de dibujos indescriptibles, jamás había visto algo igual, podían distinguirse entre ellos diminutos puntos de luz, si te acercabas a ellos y mirabas sin expectativas, veías pasar el mismísimo universo explicándote todos los detalles de lo que estabas viendo. Me olvidé del infinito pasillo centrándome en los pequeños detalles que me aportaba el fijarme en ese aquí y ahora, eso que tenía a mi alrededor, sin mirar más lejos ni pensar en las cosas que no alcanzaba. Solté la angustia, las prisas, los miedos acumulados en mi pasado, quedándome con la admiración, la alegría, y el amor que estaba cogiendo en este lugar, todo lo que veía observando esas pequeñas cosas que de tanto correr dejaba de lado no sabiendo de su existencia.
Toni Oliver
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